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sábado, julio 26, 2008

Wadley (2008)



WADLEY
(Matias Meyer, 2008)
55/100

Propuesta estéticamente interesante pero desarmada en contenido, la seleccionada en el Festival de Rotterdam resulta difícil hasta para los programadores de festivales al no encajar ni como largometraje de ficción ni tampoco documental. La realidad es que no mucho sucede en Wadley, opera prima de Matías Meyer, la visión es borrosa y aunque en imágenes no deja de ser sugestiva se cae al borde de lo conceptual. Un hombre con actitud de explorador aparentemente de ciudad se decide a encontrar el supuestamente medicinal y apendejador peyote. Lo más valioso de la cinta es su disponibilidad a ser abiertamente interpretada, las opiniones mixtas no deberían sorprender a nadie.


No esperábamos una explicación fílmica sobre el cactus de moda, ni su transcendencia como lo hizo Everardo González con La Canción del Pulque (2004). Meyer pareciera que en lugar de inquietar solo consigue desesperar a los valientes. Arrojamos la idea de que tal vez fue una cinta realizada para ser vista bajo las consecuentes alucinaciones del peyote, en ese caso exigimos nuestra rebanada con la compra del boleto. Es muy posible que el director sepa sostener su cinta basándola en que es una idea sin antecedentes en nuestro cine y que en efecto tratamos con un producto riesgoso que bien podría llevar una genialidad incomprendida a primera vista. De ahí el siguiente paso seria plenamente del espectador, como ya dijo Ernesto Diezmartinez en Cine vértigo de que tanto le creemos al director y que tanto supo plasmar en la pantalla.


Como fiel admirador del trabajo de Lisandro Alonso Wadley de inmediato trae recuerdos de aquel fantástico debut del argentino, el también semidocumental La Libertad (2002). Aquella opera prima que no respira más que eso, una libertad que goza su único personaje alrededor de un bosque y la libertad de un director desafectado al no contar historias sino construir universos con entrada y salida. Wadley es como el desierto, muy seco y tremendamente agotador, solo que resulta ser mas difícil de lo que esperábamos pues aquí nos avientan a una ciega odisea sin ningún dulce o refrescante a cambio.


La fotografía no es menos que impactante, a pesar de sus limitadísimos recursos económicos la cinta es redondamente llamativa, ingredientes que lamentablemente se disuelvan ante las intenciones vagas e indefinidas. No sabemos que tanto de la cinta surge espontáneamente, tal vez todo sea una accidentada intoxicación. Y si, Wadley llega a ser fatigante más no esta fastidiada, formula una batalla entre el hombre, su espirito líricamente gentil, los alucinantes y la naturaleza que lo rodea, todos señalando a un director franco-mexicano inmensamente prometedor con potencial no solo técnico pero con mentalidad radical, virtud siempre bienvenida.